19 octubre 2007

El País, el Che y los que significa ser de izquierdas


En el Mercurio Digital Pascual Serrano compara dos editoriales de El País sobre el Che, el del pasado 10 de octubre), que ha causado tanta polémica, y uno publicado hace diez años.


Editorial 17 de julio de 1997:
“La figura revolucionaría del Che se mantiene como un símbolo del idealista coherente y del hombre de acción”.

"Su imagen, multiplicada en cientos de miles de carteles por, todo el mundo, fue ya entonces la insignia de muchos jóvenes que veían en este médico asmático un ejemplo del guerrillero heroico a favor de la humanidad".


Editorial 10 de octubre de 2007:

"En realidad, la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir"

"El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que bebían de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios".

"Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte".


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Pascual Serrano se propone así señalar las contradicciones ideológicas de El País, que surgen, según él, del hecho de que este periódico se presenta como de izquierda cuando en realidad no lo es. Es decir, visto desde la extrema izquierda El País es un diario de derechas.

Una vez más, el error que comete El País, y que ha escandalizado a intelectuales de izquierda (como Vidal-Beneyto) y a gran parte de sus periodistas, es ser lo que siempre ha declarado que es: un periódico de centro-izquierda, no de extrema izquierda.

Las polémicas ideológicas con El País provienen siempre de la extrema izquierda, concentradas a menudo en Latinoamérica, habitualmente a propósito de personajes como Chávez, Evo Morales, Castro, etc.

Estoy de acuerdo con Serrano cuando niega que El País haya cambiado de ideología. Pero aunque él lo dice para señalar que siempre ha sido un periódico de derechas, yo sostengo que siempre ha sido un periódico de centro-izquierda. El editorial de hace diez años no es tan diferente del publicado ahora. Pues ya se deja claro en él que el Che ha degenerado en ilustración para vender camisetas: "Cuando nadie cree ya en el poder revolucionario de lo que significaba el Che, su energía se transforma en merchandising; cuando la guerrilla es sólo un vestigio sin porvenir, el Che ocupa la portada de Newsweek".

No ha cambiado El País, pero afortunadamente sí ha evolucionado. Es decir, va aprendiendo, como todos, a base de matizar sus ideas, corregir sus errores, descubrir nuevos hechos que obligan a cambiar nuestras opiniones.

Y esto es lo que ocurre con la figura del Che. ¿Es que no se ha publicado nada en diez años? ¿Nada se ha investigado? En El País esa evolución se aprecia día a día desde hace años, en los enfoques de sus noticias, en sus columnas y colaboraciones. Sin ir más lejos, el 9 de octubre, un día antes del editorial, se publicó en las páginas de opinión un extenso y muy bien argumentado artículo de Jorge Castañeda, cuyas conclusiones eran similares a las del editorial: el ideario político del Che es una de las causas que ha impedido, allí donde se lo sigue venerando, la consolidación de una izquierda democrática.

“El legado del Che incluye también la demora innecesaria e injustificada en el surgimiento de una izquierda democrática y moderada, globalizada y moderna, en América Latina”. No ha prosperado, dice, “por muchas razones, sin duda; pero una de ellas consiste en la fascinación que la revolución, el socialismo, la lucha armada y el anti-imperialismo aún ejercen sobre amplios territorios de la izquierda latinoamericana. El símbolo de todo eso es, justamente, el Che Guevara”.

“Resulta ser, en el cuarenta aniversario de su muerte, una magnífica prueba de ácido: donde lo celebran y recuerdan, prevalece una izquierda anacrónica, autoritaria, nacionalista y estatista. Y donde brillan por su ausencia los festejos y homenajes, impera una izquierda, dentro o fuera del poder, que se ha reconstruido. Allí, finalmente, descansa en paz el señor de las camisetas, con un epitafio que le corresponde: simbolizar una época -el 68- y un movimiento -el de la juventud sesentera- a los que tanto debemos, y no un ideario político obsoleto, que tantos rechazamos”.

La preocupante conclusión a la que nos lleva esto es la siguiente: o los periodistas de El País retratados en su respuesta al editorial no leen o pertenecen más a esa izquierda que antepone la nostalgia a la verdad para seguir defendiendo un camino autoritario-revolucionario incompatible con los auténticos métodos democráticos: el respeto por el otro y la reforma gradual a través de la argumentación y no de la fuerza. Quizá los periodistas de El País prefiera las democráticas beatificaciones.


En todo caso esta polémica tiene como nota positiva que es una muestra de lo que debe ser un periódico, sea de izquierda o de derecha, centradas o extremas: un lugar para la exploración de la actualidad a través de la discusión, el cruce de opiniones diferentes, la comparación de miradas desde perspectivas variadas. Un periódico no es una plataforma para defender una idea (ideología o programa político), sino para comprender la realidad con la aportación de todo tipo de ideas. El diario Público debería tomar nota y preguntarse por qué todos sus columnistas y colaboradores fijos piensan igual o muy parecido o desde el mismo sitio o similar perspectiva (Labordeta, Wayoming, Sádaba, Ortiz, etc).

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